El legendario montañista italiano fue pionero del estilo alpino y el primer hombre en conquistar los 14 ochomiles sin asistencia respiratoria. Su trayectoria incluye ascensiones que cambiaron para siempre la historia del montañismo, récords mundiales, tragedias personales, más de medio centenar de libros, documentales y hasta una etapa como eurodiputado.
Hay deportistas que acumulan títulos y otros que terminan cambiando la propia manera de entender su disciplina. Reinhold Messner pertenece claramente al segundo grupo. El alpinista italiano, nacido el 17 de septiembre de 1944 en Villnöss, Tirol del Sur, llega hoy a sus 82 años como una de las figuras más influyentes de la historia del montañismo.
Su historia comenzó prácticamente al pie de los Dolomitas. Con apenas cinco años ascendió una montaña de 3.000 metros acompañado por su padre. Aquella experiencia infantil terminó convirtiéndose en una vocación que lo llevó desde las paredes alpinas hasta las cumbres más inaccesibles del planeta.
Pero Messner no se limitó a subir montañas. Transformó la filosofía del alpinismo de alta dificultad, al cultivar y defender el estilo alpino: grupos pequeños, autonomía, poco equipamiento, ausencia de oxígeno suplementario y una mínima dependencia de campamentos, cuerdas fijas y grandes equipos de apoyo.
Una revolución llamada estilo alpino
En una época en la que las grandes expediciones al Himalaya podían movilizar enormes cantidades de personas y material, Messner apostó por enfrentarse a la montaña de una manera mucho más directa.
Su filosofía quedó especialmente demostrada en los 14 ochomiles, las montañas de más de 8.000 metros sobre el nivel del mar. Entre 1970 y 1986 consiguió alcanzar las catorce cumbres sin utilizar oxígeno embotellado, una hazaña extraordinaria para la época.
El camino, sin embargo, estuvo marcado por la tragedia.
En 1970 alcanzó la cima del Nanga Parbat, de 8.125 metros, junto a su hermano Günther. Durante el descenso, Günther murió y Reinhold sufrió graves lesiones por congelamiento que le costaron varios dedos de los pies. Las circunstancias de aquella tragedia generaron posteriormente una prolongada controversia, pero el episodio dejó una huella permanente en su vida.
Años después, Messner regresó al Nanga Parbat y volvió a alcanzar su cima, esta vez en solitario.
El Everest sin oxígeno: cuando lo imposible dejó de serlo
En 1978 protagonizó junto al austríaco Peter Habeler uno de los momentos capitales de la historia del montañismo: ambos alcanzaron el Everest sin utilizar oxígeno suplementario.
El logro resultaba especialmente impresionante porque a partir de los 8.000 metros comienza la llamada "zona de la muerte", donde la disponibilidad de oxígeno es extremadamente reducida.
Pero Messner todavía tenía otra página por escribir.
El 20 de agosto de 1980 se convirtió en el primer hombre en alcanzar el Everest en solitario y sin oxígeno embotellado. Partió desde el lado tibetano y completó la ascensión en tres días desde su campamento base, según Guinness World Records.
Guinness también reconoce a Messner como el primer hombre en ascender Everest y K2 sin oxígeno suplementario: Everest en 1978 y K2 en 1979.
El hombre de los 14 ochomiles
La gran obra maestra de Messner culminó el 16 de octubre de 1986, cuando alcanzó el Lhotse, de 8.516 metros. Con aquella ascensión completó los 14 ochomiles, y se convirtió en el primer alpinista en la historia en conseguirlo. Habían transcurrido 16 años desde su primer ochomil, el Nanga Parbat.
La relación completa incluye Nanga Parbat, Manaslu, Gasherbrum I, Everest, K2, Shishapangma, Kangchenjunga, Gasherbrum II, Broad Peak, Cho Oyu, Annapurna, Dhaulagiri, Makalu y Lhotse.
Guinness conserva actualmente registros específicos de varias de aquellas hazañas, entre ellos la primera ascensión de los 14 ochomiles sin oxígeno suplementario según su clasificación histórica de las ascensiones, además de sus récords individuales del Everest.
Hay, no obstante, un detalle importante sobre los récords. En 2023 Guinness revisó la clasificación histórica de los ochomiles después de nuevas investigaciones sobre la localización exacta de algunas cumbres. Esa revisión afectó a varios récords históricos, incluido el de Messner. La UIAA manifestó entonces que la revisión no debía disminuir el reconocimiento histórico de su hazaña y sostuvo que Messner había completado los 14 ochomiles.
Es una distinción importante: la discusión moderna sobre qué punto exacto constituye la cumbre no borra la dimensión extraordinaria de lo que Messner hizo entre 1970 y 1986.
De las montañas a los desiertos y los polos
Una vez completado su desafío en los Himalayas, Messner no se retiró de la aventura. Simplemente cambió de escenario. Participó en expediciones por Groenlandia y la Antártida, atravesó desiertos como el Gobi y el Taklamakán y exploró distintas regiones remotas del planeta. También completó los llamados Seven Summits, las montañas más altas de cada continente, según una de las definiciones utilizadas para esa lista.
Con el tiempo, su preocupación dejó de centrarse exclusivamente en alcanzar cumbres. Comenzó a interesarse cada vez más por la relación entre el ser humano, la naturaleza y las culturas de montaña.
De ahí nació uno de sus grandes proyectos posteriores: el Messner Mountain Museum, una red de museos dedicada al alpinismo, las montañas, sus pueblos y su cultura. Messner lo ha descrito simbólicamente como su "Decimoquinto ochomil".
Un escritor que convirtió sus expediciones en relatos
La montaña también encontró en Messner a uno de sus grandes narradores. Su producción literaria supera los 50 libros, dedicados al alpinismo, la aventura, la exploración, la naturaleza y sus propias experiencias. Su autobiografía y sus numerosos relatos han contribuido a trasladar las experiencias de las grandes expediciones a un público mucho más amplio que el estrictamente montañero.
Su faceta de escritor continúa activa. En 2025 apareció Against the Wind, unas memorias en las que revisa diferentes episodios de su vida y también algunas de las controversias que han acompañado su carrera.
También detrás de las cámaras
El universo de Messner llegó igualmente al cine. Su trayectoria audiovisual incluye más de una docena de películas y documentales relacionados con las montañas y las expediciones. En 2016 debutó como director con Still Alive, y posteriormente continuó desarrollando proyectos cinematográficos vinculados con el mundo del alpinismo.
Uno de sus trabajos recientes es K2 – The Big Fight, presentado en 2025, un documental dedicado a la conquista italiana del K2 de 1954 y a la controversia histórica que durante décadas rodeó aquella expedición. También dirigió Sturm am Manaslu, sobre la expedición al Manaslu de 1972.
Así, el hombre que durante décadas llevó una cámara y una libreta mental a las regiones más inhóspitas del planeta terminó convirtiéndose también en cronista y cineasta de sus propias obsesiones.
En el Parlamento Europeo
Messner también probó suerte lejos de las montañas, aunque su incursión política estuvo igualmente relacionada con sus preocupaciones ambientales.
Entre 1999 y 2004 fue diputado del Parlamento Europeo por los Verdes italianos. Durante aquella etapa defendió cuestiones vinculadas con la protección del medio ambiente y la preservación del patrimonio natural y cultural.
Su postura crítica hacia la creciente comercialización del alpinismo, particularmente en el Everest, también ha sido una constante de su discurso público. Messner ha cuestionado lo que considera una transformación del montañismo tradicional en una actividad excesivamente dependiente de servicios y medios externos.
Una historia todavía en movimiento
A sus 82 años, Messner continúa vinculado al mundo que convirtió en el centro de su existencia. Su agenda actual incluye conferencias, encuentros, proyectos culturales y cinematográficos y actividades relacionadas con sus museos y con la divulgación de la cultura de montaña. Su propia página oficial mantiene una agenda activa durante 2026.
Su legado, por tanto, va mucho más allá de una colección de récords. Messner cambió la manera de mirar una montaña. Demostró que la cima podía ser importante, pero que el verdadero desafío estaba en la forma de alcanzarla: con autonomía, conocimiento, preparación y una relación directa con el entorno.
El niño que comenzó a escalar los Dolomitas con cinco años terminó recorriendo el Everest, el K2, el Nanga Parbat, la Antártida, Groenlandia y los grandes desiertos de Asia. Después convirtió esas experiencias en libros, películas, museos y debates públicos.
Aquel joven del Tirol del Sur que buscaba paredes imposibles terminó haciendo algo todavía más difícil: convertir su propia vida en una de las grandes historias de aventura del deporte moderno.
El brasileño Alison dos Santos escribió una nueva página dorada del atletismo al correr los 400 metros con vallas en 45.80 segundos en la Diamond League de Zúrich, y destronó el récord que Karsten Warholm había establecido en los Juegos Olímpicos de Tokio 2021.
El paracaidista ruso Serguéi Boitsov se lanzó desde 11.551 metros sobre Altái, soportó temperaturas de -59 °C y alcanzó 501 km/h en caída libre. El desafío superó la anterior marca para saltos desde un globo aerostático convencional.
Con apenas 20 años y aún compitiendo en el circuito universitario estadounidense, Ja’Kobe Tharp protagonizó una de las mayores sorpresas del atletismo reciente al establecer un nuevo récord mundial en los 110 metros con vallas. Su espectacular registro de 12.75 segundos pulverizó una marca que había permanecido intacta durante casi 14 años.