Saltar desde las puertas del cielo
Hay desafíos deportivos que parecen pertenecer más al terreno de la exploración que al de la competición. El protagonizado por Serguéi Boitsov es uno de ellos.
El paracaidista ruso saltó el pasado 22 de agosto desde un globo aerostático a 11.551 metros de altura, sobre la región de Altái, en Siberia, para establecer un nuevo récord mundial en esta modalidad. La marca anterior, de 10.060 metros, pertenecía a un grupo de paracaidistas polacos.
Se lanzó desde una barquilla abierta, sin la protección de una aeronave presurizada, en un ambiente donde la temperatura llegó a los -59 °C y el aire es considerablemente más tenue que en las capas inferiores de la atmósfera.
501 kilómetros por hora hacia el vacío
Boitsov permaneció aproximadamente dos minutos y medio en caída libre antes de abrir su paracaídas principal.
Durante ese vertiginoso descenso alcanzó una velocidad máxima de 501 km/h, mientras soportaba temperaturas cercanas a los 60 grados bajo cero. El paracaídas fue desplegado a 1.565 metros sobre el terreno.
A partir de ese momento comenzó la segunda parte de la aventura: otros cuatro minutos y 49 segundos de descenso controlado hasta tocar tierra en el distrito de Ust-Kalmanski, en Altái. El tiempo total desde el salto hasta el aterrizaje fue de 7 minutos y 19 segundos.
El aterrizaje se produjo sin incidentes y el equipo confirmó que tanto el vuelo del globo como el salto se desarrollaron según lo previsto.

Preparación casi de cosmonauta
El desafío no comenzó cuando se abrió la puerta de la barquilla. La preparación había requerido meses de trabajo y pruebas destinadas a reproducir las condiciones fisiológicas que Boitsov encontraría a gran altura.
El deportista pasó por una cámara de presión del Centro de Entrenamiento de Cosmonautas de Rusia, donde fue sometido a condiciones de aire enrarecido y variaciones de presión.
Para el salto utilizó un traje especialmente preparado para soportar las temperaturas extremas y un sistema autónomo de oxígeno, elementos imprescindibles a más de 11 kilómetros de altura.
El globo empleado para la misión tenía un volumen aproximado de 10.000 metros cúbicos y fue equipado con una cápsula reforzada y quemadores adaptados para funcionar en las condiciones de aire enrarecido de esa altitud.
Récord con una precisión importante
La hazaña merece una aclaración: no se trata del récord absoluto de mayor altura para un salto en paracaídas. El estadounidense Alan Eustace mantiene la marca de mayor altitud absoluta de salto, reconocida por la Federación Aeronáutica Internacional (FAI), después de lanzarse en 2014 desde aproximadamente 41.400 metros.
El salto de Boitsov corresponde a una categoría mucho más específica: el realizado desde un globo aerostático convencional de aire caliente. En ese apartado, el ruso superó la marca anterior de 10.060 metros.
Además, algunas informaciones publicadas tras la hazaña señalan que la nueva marca todavía debe completar el correspondiente proceso de revisión y ratificación oficial de la FAI.
La frontera entre la atmósfera y el desafío humano
A esa altura, el paracaidismo convencional se transforma en una disciplina completamente diferente. La presión atmosférica disminuye notablemente, el aire ofrece mucha menos resistencia y las condiciones térmicas son extremas. La combinación de oxígeno limitado, frío intenso y velocidad convierte cualquier problema durante el descenso en una situación potencialmente crítica.
Por ello, la misión exigió no solamente experiencia como paracaidista, sino también una preparación cercana a la utilizada en actividades de gran altitud y vuelos estratosféricos.

Más que una marca deportiva
El salto formó parte del proyecto Stratum Jump 11-12, vinculado al próximo Festival Internacional de la Juventud que tendrá lugar en Ekaterimburgo en septiembre.
La misión también coincidió con el Día de la Bandera Nacional de Rusia, celebrado el 22 de agosto, y fue presentada como una demostración de las capacidades técnicas y deportivas desarrolladas para afrontar este tipo de desafíos.
Boitsov, además, no es un desconocido en el mundo de los deportes extremos. Entre sus antecedentes figura el salto desde el Lakhta Center de San Petersburgo, el edificio más alto de Europa, así como otros proyectos que han combinado el paracaidismo y el base jumping.
Una caída de más de 500 km/h que terminó con los pies en tierra
La imagen de Boitsov abandonando la pequeña barquilla del globo resume la dimensión de la hazaña: debajo, miles de metros de vacío; alrededor, temperaturas capaces de poner en peligro al organismo; y delante, más de dos minutos de caída libre antes de que llegara el momento decisivo de abrir el paracaídas.
El ruso salió de aquella experiencia convertido en nuevo poseedor del récord mundial de salto desde un globo aerostático convencional, después de superar en casi 1,5 kilómetros la marca precedente.
Un descenso que comenzó prácticamente en el límite de la estratósfera y que terminó, siete minutos y 19 segundos después, con Boitsov sano y salvo sobre el suelo de Siberia.
Con información e imágenes de:
ProKosmos
Diario As
La República