Dominicanos en Grandes Ligas: Casi un millar en 69 años - Capítulo 5: Proezas quisqueyanas
Cinco criollos que, cada uno en su época, obtuvieron destacados logros por sus actuaciones en la Gran Carpa.
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En Venezuela, la Fundación Santa Teresa ha impulsado durante más de dos décadas el Proyecto Alcatraz, un programa que utiliza el rugby para rescatar a jóvenes del mal camino. A través de valores como el respeto, el compañerismo y la disciplina, se transforma la violencia en oportunidades y se demuestra que deporte puede reinsertar a ex pandilleros en la sociedad.
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Corría el año 2003 cuando se dio un incidente en la Hacienda Santa Teresa, en el municipio Revenga, a unos 100 km de Caracas. Tres jóvenes robaron a un inspector de seguridad de la empresa, pero en lugar de enfrentar la cárcel, se les ofreció una alternativa restaurativa: devolver lo robado y trabajar sin paga durante tres meses en la hacienda. Los jóvenes no solo aceptaron, sino que pidieron incluir a sus compañeros de pandilla. Una banda rival de la misma zona no tardó en enterarse, lo que llevó a un enfoque inicial de separación de grupos para evitar conflictos.
Este origen marcó el inicio de un programa voluntario liderado por la Fundación Santa Teresa, creada por la destilería de ron del mismo nombre. Alberto Vollmer, CEO de Santa Teresa y aficionado al rugby desde sus estudios en Francia en los años 80, vio en el deporte una vía para resolver tensiones.
De esa manera, los enfrentamientos iniciales entre pandillas rivales se canalizaron en el campo de juego, donde el contacto físico derivó la agresividad hacia la cooperación.

En las primeras semanas, las pandillas trabajaron por separado. Luego, se organizaron encuentros para confrontar diferencias colectivas e individuales. El rugby se introdujo como elemento central que promoviese los valores humanos que contrastaban con los que regían la vida en las calles. Desde entonces, el programa ha evolucionado de un esfuerzo local a una iniciativa nacional, expandiéndose a prisiones y escuelas.
El rugby no es solo un deporte en Proyecto Alcatraz; es el vehículo principal para instilar valores transformadores. Disciplina, respeto, trabajo en equipo, fair play y humildad se enseñan en el campo, donde ex pandilleros aprenden a canalizar su energía de manera positiva y en pos de un bien común. Como explica un entrenador, los participantes "se enamoran del rugby", porque encuentran en el noble deporte refugio de las armas y drogas que dominan sus barrios.
En prisiones, el programa Penitenciario de Rugby, iniciado en 2013, llega a 36 centros —22 masculinos y 14 femeninos—, gracias a los cuales se ven beneficiados alrededor de 800 internos. La organización de torneos anuales permite a los reclusos jugar en un ambiente de libertad, y disfrutar de momentos de humanidad compartiendo jornadas de deporte con sus familias.

Historias como la de José Gregorio Rodríguez, quien fue uno de los que robó en la hacienda en 2003 y ahora capitanea el equipo Alcatraz, ilustran cómo el deporte ofrece segundas oportunidades. Rodríguez destaca que el trabajo legal proporciona beneficios duraderos, a diferencia de las ganancias efímeras del crimen.
Proyecto Alcatraz integra múltiples rutas de intervención para una rehabilitación integral. Además del rugby, incluye capacitación psicoeducativa, formación laboral y justicia restaurativa. Los participantes pasan por fases de aislamiento para reflexión, reintegración comunitaria y preparación para el empleo, a menudo en la propia Hacienda Santa Teresa.
En el ámbito preventivo, el rugby escolar llega a 2000 niños en 11 escuelas, mientras la liga infantil involucra a 300 menores. El Alcatraz Rugby Club compite a nivel nacional, con 82 atletas de alto rendimiento y 15 seleccionados para integrar la “vinotinto” del rugby. Esta estructura no solo rehabilita, sino que previene la delincuencia al ofrecer estabilidad y perspectivas laborales.

El programa ha disuelto 11 pandillas sin violencia, lo que ha salvado directa o indirectamente más de 400 vidas. En Revenga, la tasa de homicidios cayó un 90% en una década, de 114 por 100,000 habitantes en 2003 a 12 una década después, y de 167 por mil en la hacienda a solo seis. Más de 1000 presos han participado en el rugby penitenciario, con seis torneos organizados y 12 festivales.
El Alcatraz Rugby Club ha ganado cinco campeonatos nacionales, con gran excelencia deportiva.
Y el proyecto no se ha limitado a la geografía venezolana. Cruzo fronteras y se ha expandido a España en 2023, para replicar el modelo en prisiones madrileñas. Reconocimientos incluyen más de 10 premios globales y estudios de caso en universidades de alto prestigio como Harvard.
Fundada en 1796, Santa Teresa es una de las destilerías más antiguas de Venezuela, pero su legado trasciende la simple elaboración de un ron de calidad. La fundación invierte ganancias en iniciativas sociales, y prioriza el bien comunitario. Como muy acertadamente ha dicho uno de los directivos de la empresa:
"No hacemos esto para vender ron, vendemos ron para hacer esto".
En un país marcado por crisis económica y violencia, el proyecto es clara demostración de cómo una empresa privada puede fomentar el tan necesario cambio social.

A pesar de desafíos como el colapso económico venezolano reciente, Proyecto Alcatraz persiste, y se adapta a la realidad, para abordar los casos de delincuencia urbana más complejos. Colaboraciones con entidades como la Rugby Football Union de Inglaterra y gobiernos extranjeros sugieren un potencial global.
Puede que el rugby no sea muy popular en la República Dominicana, pero este modelo venezolano claramente ha dejado demostrado cómo el deporte puede educar y redimir en contextos de alta vulnerabilidad urbana.
Con información e imágenes de:
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